“Yo quería desaparecer. En este mundo no existe lugar para mi” – Septiembre Amarillo: Suicidio Indígena, más un rostro del genocídio

09 SET 2016
09 de Setembro de 2016
Por Daiara Tukano
Corresponsal de Radio Yandê en Brasilia

En este mes de septiembre me sentiria hipócrita al escribir sobre el suicidio sin admitir que yo misma, así como muchos parientes indígenas, ya pasé por ese sentimiento (tentación), y que tuve que acompañar a varios familiares que, de diversas maneras,  pasaron por el mismo proceso, pués el sufrimiento es único, de cada persona, así como la manera como pasamos por él o que él pasa por nosotros.

Talvez la cara más cruel del genocidio es aquella que, cuando exaustos, nos lleva a considerar abdicar de la propia vida. En el mundo, los pueblos indígenas son la población más susceptible al suicidio: en el Brasil, la tasa entre los pueblos indígenas es seis veces mayor que la tasa nacional. En el municipio de São Gabriel da Cachoeira, AM, también conocido como la ciudad de los ahorcados, los datos del Mapa de la Violencia 2014 revelaron que, entre 2008 y 2012, la tasa de suicídios en la ciudad fue de 50 casos por 100 mil habitantes, diez veces mayor que el promedio brasileño. Entre los que se mataron, 93% eran indígenas. Ocho entre diez se ahorcaron.

Mato Grosso do Sul (MS) y Amazonas concentran cerca de 81% de los casos de suicidio del país. En el primero, las tasas son 34 veces mayor que el promedio nacional. El valor sube todavia más entre los jóvenes. El Brasil tiene cinco casos de suicidio a cada cien mil habitantes; entre los jóvenes indígenas de MS, ese número llega a 446 casos para cada cien mil. Sólo en 2015 fueron 45 suicidios, siendo 33 hombres y 12 mujeres, la mayoría entre 10 y 29 años. El año pasado fueron 36 homicidios de 34 hombres y 2 mujeres, la mayoría entre 15 y 29 años. En 2014, el Distrito Sanitario Especial Indígena de Mato Grosso do Sul registró 619 eventos de violencia física y 32 de violencia sexual. La mayoría de los casos ocurrió en Dourados y en Amambai.

Suicidio es un tabú del cual es difícil hablar, pués mencionarlo es revivir dolores profundos, pero creo que la palabra es la principal medicina contra esos dolores que necesitan desaguar de alguna manera y que, en verdad, cuando llegamos al punto de querer desaparecer es principalmente por no encontrar a alguien que pueda oir y entender de alguna forma ese dolor.  La revista Ciência Hoje publicó en 2014 un mapa del suicidio indígena en el Brasil.

Personalmente yo pasé por esa angustia después de haber sido víctima de estupro, una de las experiências que ciertamente define mucho de mi lucha especialmente por el fin de la violencia contra las mujeres. Pero llegar hasta el punto de hablar abiertamente sobre eso fue un lento proceso de quince años, durante los cuales entendí cuanto la violencia sexual es frecuente y omnipresente: una de cada cinco mujeres pasan o pasarán por esa experiência, encuanto nuestra sociedad y nuestra cultura no tome la actitud conciente de cambiar ese panorama. Ser estuprada es sentir el cuerpo y el alma violados profundamente, la repulsión profunda de esa experiência, que parece impregnada en el cuerpo es algo difícil de lidiar. Es difícil aceptar el propio cuerpo y saber que hay marcas invisibles e indelebles en nuestra vida. En los momentos en que me senti más solitária pensé repetidas veces en esse vacío de simplemente no existir más, y necesité llorar mucho para conseguir escuchar que habían, al rededor, otras llorando por el mismo motivo, y que yo, así como ellas, al fin de cuentas, no estávamos solas, y que podríamos discretamente aproximarnos y fortalecernos, hasta el punto de mostrar unas a las otras que éramos más fuertes que el dolor. 

El dolor del estupro es uma de las motivaciones más frecuentes para el suicidio de mujeres y, lamentablemente, es igualmente una de las prácticas de violencia contra los pueblos indígenas: en el Estado de Mato Grosso do Sul, mujeres guarani kaiowá son frecuentemente estupradas por pistoleros conscientes que ellas en seguida intentarán el suicidio.

São Gabriel da Cachoeira es, igualmente, uno de los municípios con uno de los mayores índices de tráfico de personas, la mayoría niñas y jóvenes mujeres. Cuando yo era niña pequeña llegué a considerar normal y hasta romântico ver soldados “enamorando” con niñas recostadas en sus piernas, y hoy adulta consigo percibir lo trágica que era esa percepción infantil. Mi intuición me incomoda al pensar que el índice de estupros en São Gabriel deve ser tan alto como el de suicídios y que no es de espantar que los estados de Amazonas y de Mato Grosso del Sur concentren 81% de los suicídios del país, siendo los estados de mayor población indígena.

En um panorama mundial en que la depresión se convirtió en epidemia entre los adolescentes, la discriminación es um agravante para los jóvenes indígenas que se encuentran cada vez más inmersos en el dilema de caminar entre el choque de dos mundos. Para nosotros, sobrevivir al genocidio es una misión pasada de generación en generación, continuar existiendo como indígenas apesar de aquellos que a todo momento y de las maneras más diversas niegan nuestra historia, nuestra identidad, nuestro dolor, nuestra capacidad, nuestra cultura y nuestra belleza.

La soledad, el rechazo y la inconprensión son sentimientos comunes entre los jóvenes indígenas, especialmente cuando nos deparamos com los cánones de belleza, ciencia y cultura de las ciudades y en la dificultad de diálogo com aquellos que muchas veces no tienen interés en conocer nuestra cultura, pero que según su parecer, nosotros si somos obligados a conocer y entender la de ellos.
El matoneo (bullying)  es constante en la escuela y también en la enseñanza superior. Aún cuando con acciones afirmativas de inclusión social, las instituciones encuentran gran dificultad en aceptar el diálogo con el saber, la ciencia y la experiencia indígena.

Para aquellos que están en retomadas y otros conflictos territoriales, la violencia explícita de amenazas, estupros, tiroteos y asesinatos son un cotidiano que inviabiliza la sanidad mental: además de sobrevivir a la miséria, es imposible huir de la tristeza cuando se nace en medio al genocidio. Parece que nuestra herencia siempre va a incluir la maldita lista de óbitos de nuestros vecinos y familiares por los motivos más diversos: desnutrición, falta de medicación o atendimiento médico, innúmeras enfermedades y accidentes por falta de estructura, y por el alcohol.

Desde niña tuve la percepción que el alcoholismo es uma enfermedad y una forma de suicidio lento, sintoma del dolor de nuestro genocidio: las personas beben para olvidar el dolor, se anestesian encuanto el alcohol las mata, o las hace matarse unas a otras. Los índices de alcoolismo son enormes entre las poblaciones indígenas, en la región de São Gabriel da Cachoeira es endémico. Recuerdo las lágrimas de mis tías al relatar los problemas del alcohol en nuestra comunidad y de como juntas tratávamos de descifrar maneras de escapar de esse ciclo de violencia mortal tejido entre el preconcepto, la violencia, la tristeza y el alcohol. El aguardiente, junto otras bebidas alcohólicas fue traido por no indígenas a nuestras tierras, primeramente para fiestas de santo y, desde el inicio del contacto usado como una técnica cruel de entorpecimiento para el genocidio. Los pueblos indígenas de las Américas somos geneticamente susceptibles a las enfermedade causadas por el azúcar y por el alcohol, y apesar de que algunos pueblos tengan sus bebidas alcohólicas tradicionales, su uso ocurría de forma, cantidad y concentración muy diferentes de las bebidas del blanco. Pagar el trabajo esclavo com bebida es una práctica común, convidar a los indígenas para beber trago, antes de negociar también: las botellas de licor son vendidas a precios exorbitantes, pero aún así serán pagadas o cambiadas por cantidades importantes de mercancias. Hay también los que no pudiendo pagar por aguardiente u otros destilados beben alcohol de uso farmacêutico o de cocina o gasolina para poder olvidar por algunas horas su desepero.

Este triste panorama es una constante del polo norte al polo sur, cuando tratamos de pueblos indígenas: en um única noche diez parientes llegaron a cometer suicidio en la comunidad Attawapiskat, en Canadá. El suicidio es uno de los temas del Forum Permanente de Asuntos Indígenas de la ONU, y, en junio de este año, ocurrió la Conferencia Mundial sobre Suicidio Indígena en Rotorua, Nueva Zelandia, donde fueron presentadas las estadísticas del suicidio indígena al rededor del mundo, así como experiências de enfrentamiento a la epidemia de suicídios. En octubre de 2015, la Secretaría Especial de Salud Indígena, SESAI, del Ministerio de Salud del Brasil, promovió um taller de calificación de estratégias e prevención del suicidio indígena. La comunidad acadêmica es unânime en reconocer que el suicidio indígena se encuadra como sintoma del genocidio practicado por los colonizadores contra nuestros pueblos indígenas a lo largo de siglos, y existen estúdios que apuntan que la depresión en las poblaciones indígenas puede haber dejado rastro genético ao lo largo de los últimos 500 años.

Las experiencias de enfrentamiento al suicidio indígena señalan también que aunque parezcamos destinados a la tristeza, nuestra alegria puede encontrarse en la afirmación y en la celebración de nuestra identidad indígena y en la deconstrucción histórica del proceso colonial: tener acceso a la justicia histórica, al reconocimento y aceptación de nuestras identidades, celebración, valorización y práctica de la belleza de nuestras lenguas y de nuestras culturas, garantizar el derecho a nuestros territórios, y al esfuerzo colectivo en deconstruir la narrativa de la colonización que sistematicamente nos empuja a la invisibilidad, marginalización y negación de nuestros cuerpos.

Para combatir el suicidio necesitamos hablar al respecto y reconocer como él es comum en nuestro alrededor, en nuestras comunidades, en nuestra família o hasta en nuestra propia cabeza para entender que no estamos así tan sol@s, y percibiendo eso, entender lo que nos lleva a ese sufrimiento y hablar sobre eso también; quien sabe así podamos también parar para sentir las cosas buenas que tiene nuestra vida y encontremos el respiro que necesitamos para levantarnos junt@s y continuar nuestra caminada, cada vez com pasos más firmes. 

Para el no indígena que por acaso venga a leer este texto, me gustaría reiterarle que combatir el suicidio indígena es deconstruir la discriminación, celebrar la cultura indígena com orgullo, conocer la historia de los pueblos indígenas y su importancia, porque lamentablemente preconcepto mata directa e indirectamente y todos tenemos a ver com eso.

Septiembre Amarillo es una campaña de concientización sobre la prevención del suicidio, con el objetivo directo de alertar la población al respecto de la realidad del suicidio en el Brasil y en el mundo y sus formas de prevención. Ocurre en el mes de septiembre, desde 2014, por medio de identificación de locales públicos y particulares com el color amarillo y amplia divulgación de informaciones. Acompañe la campaña en el site.


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