El Abrazo de la Serpiente: un viaje en la memoria

21 FEV 2016
21 de Fevereiro de 2016

Photo:Antonio Bolivar

Copyright : © Emanuel Rojas/MFA+ FilmDistribution e.K

Por Daiara Tukano para la Radio Yandê


El abrazo de la serpiente cuenta la historia de Karamakate y su jornada con tres visitantes en busca de la memoria y el sueño. Inspirado em los relatos de los exploradores Theodor Koch-Grunberg y Richard Evans Schultes, la película dirigida por el colombiano Ciro Guerra está entre las nominadas al Oscar y promete seguir acumulando premios.

La ficción em blanco y negro retrata la Amazonía de frontera entre Brasil y Colombia de finales del siglo XIX a principios del XX, el desastre del caucho y las misiones católicas a los pueblos indígenas de la región. La narrativa em dos tiempos muestra el viaje de dos científicos extranjeros en busca de una planta sagrada con Karamakate como guía y acompañante.
La hermosa fotografía invita a la audiencia en un viaje de tres mundos: el pasado, presente y el eterno. Invitamos a todos nuestros hermanos indigenas a verlo como una reflexión sobre nuestra historia y nuestros caminos.


Las siguientes reflexiones personales pueden contener spoilers

Soy del pueblo Yepa Massã, más conocido como Tukano, y no podria ver o escribir sobre esta película sin relacionarme personalmente con ella porque sucede exactamente en la región de mi pueblo y de otros pueblos hermanos que llegamos a este mundo en la grande boa sagrada.
El abrazo de la serpiente muestra gran parte de nuestra cosmología y de la forma que entendemos el mundo: los límites entre la ilusión y la realidad, nuestro origen y nuestro caminar.

El primer contato del pueblo Yepa Massã com los blancos ocurrió en 1630, luego vinieron los patrones del caucho en busca de esclavos para su imperio. Portugueses y españoles promovieron guerras entre nuestra gente, robando a nuestros hijos, matando a nuestros hombres y violando a nuestras mujeres. Llegaron acompañados por los misioneros católicos que nos trataron como demonios, cambiaron nuestros nombres, nos apellidaron de Tukano, prohibieron nuestra lengua, nuestros rituales y todo nuestro conocimiento; no querian entender o conocer nuestro mundo, apenas explorarlo y muchos continúan con la misma actitud hasta hoy.

Conocemos exactamente nuestra historia y las muchas batallas que han ocurrido desde entonces, la esclavitud nos trajo muerte y mucha tristeza. Llegaron trayendo la locura en la ilusión de falsas riquezas: oro, caucho y dinero a costa de nuestras vidas, sin entender que no les salvaria la propia. Llegaron locos y enfermos, y sin preparación, nosotros acabamos ahogados en este infierno.

Hasta la fecha, miles de familiares en la región trabajan por pocos centavos, o pocos sorbos de aguardiente para tratar de olvidar esta pesadilla. Estos casi 400 años de violencia nos colocaron en una miseria de la qual es difícil de levantarse, porque la violencia de la colonización hizo que muchos perdieran la fe en la humanidad que vino a mostrarnos el peor de si; muchos de ellos también perdieron la fe en sí mismos, muchos olvidaron su historia y también de su camino como pueblo y como indígenas.

La gran metáfora de la película es la memoria y el olvido. Karamakate es el último titular del conocimiento de su pueblo, pero sufre de problemas de memoria, por esta razón parte para una jornada em busca de aquello que perdió dentro de si, y se torna para los extranjeros una guía em busca del próprio camino; son las verdaderos guías las medicinas sagradas de la selva: el tabaco, la coca y la caapi (ayahuasca), medicamentos de conocimiento y guía espiritual ancestrales de nuestro pueblo; medicamentos antiguos que deben ser tratados y utilizados con gran respeto, disciplina y orientación.

Karamakate es el espectador solitario de la devastación de su pueblo, lleva consigo una realidad distante de las ilusiones llevadas por falsos profetas, lleva consigo sólo su collar, su zarabatana y su conocimiento, respeta las leyes de la selva ya que está conectado con ella. El chamán al ver su retrato reconoce el vacío en la imagen: la foto carece de alma, y el no quiere tornarse vacio, no quiere convertirse en un cuerpo hueco sin espíritu y sin memoria, al igual que muchos que van por ahí. Su única misión es mantener su espirito y su memoria vivos.

Karamakate vive dentro de todos los indígenas de esta tierra: es la memoria que está en nuestra sangre y en cada territorio sagrado, la memoria de cada conocimiento, el canto y medicina. Karamakate es una invitación al viaje dentro de nosotros mismos. Nuestra memoria es un ejercicio: debemos practicarla para mantenerla viva, sin ella dejaremos de ser y nos convertiremos en algo artificial. En nuestra memoria es el alimento de nuestra alma, la clave para despertar de esta pesadilla en la que fuimos empujados. Muchos han muerto y siguen muriendo por nosotros, cada gota de sangre indígena deja la marca de nuestra memoria en esta tierra. Debemos recordar, levantarnos, cantar, pintar y orar a nuestro modo, la gran creación es una sola y todos hacemos parte de ella.

Para nuestro pueblo la anaconda cósmica es nuestra madre y guía, outros pueblos tienen outros orígenes, pero nosotros venimos de las aguas. La boa conocec muchos mundos y guarda muchos secretos, es dueña de la memoria. Quien teme a la boa em reaidad teme lo que guarda dentro de si, su abrazo no es diferente de cualquier otro: basta con abrir y entregar el corazón: así seremos capazes de enfrentar nuestro dolor, nuestros miedos y transformarnos.

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