La Radio Yandê brinca de ser criança

02 DEZ 2016
02 de Dezembro de 2016
Foto: Rádio Yandê | Pablo Perez

Por Pablo Perez

Los niños guaranis llegaron al rededor del medio dia a la Festa do Sol e do Mar que organizó la Universidad Federal de Rio de Janeiro para compartir actividades culturales y de ciencia con pequeños de la región en la Ilha do Araujo, una pequeña isla casi totalmente cubierta por plantas tropicales y con algunas familias que viven de frente para el mar y tienen al lado de sus casas árboles de cacao, mango, aguacate y también plantas de maracuyá. El sol no vino pero encambio la fiesta fue bajo las nubes.

Las crianças tuvieron suerte. Lo primero que los estudiantes de la univesidad hicieron fue llevarlos a que probaran los bolos de aipim com coco, de coco com banana, aipim con miel y ahí fui yo también a comer bolos que se habian preparado desde un dia antes.


Yo soy Pablo Pérez del grupo étnico Zapoteca que habita casi todo el estado de Oaxaca en el sur de México. Soy jornalista colaborador de la Radio Yandê que difunde la cultura de pueblos originarios a todo el mundo. Fui invitado por Anapuaka Muniz Tupinambá y Denilson Baniwa, los fundadores de la Radio a la Ilha de Araujo con un objetivo claro: brincar con las crianças.

Después de comer bolos y sucos, los guaranis y yo fuimos a la orilla del mar a escuchar a una contadora de historias que comenzó a narrar el cuento de chapeuzinho Vermelho, historia que en español se llama Caperucita Roja.

Habia niños no se interesaron mucho por la historia. Creo que no entendían bien lo que la contadora decía en portugués y otros se distraen viendo a los adultos que estaban jugando capoeira cerca de la pequeña iglesia de la isla. Yo me puse a jugar con un menino guaraní de girar un balón de futbol en la punta de los dedos y luego nos tomamos unas selfis. La contadora de historias nos miró como miran las maestras a los alumnos que se portan mal, pero creo que no se enojó.

Anapuaka y Denilson estaban en la barraca de la Radio Yandê colocando música con ritmo de reggae, cumbia, cumbia andina, jazz y hasta electrónica hecha por indígenas.



Después de que la historia de Chapeuzinho Vermelho acabó, algunas crianças fueron a ver las demás actividades que había en la Isla. Los estudiantes de Educación Física de la Universidad Federal organizaron carreras y saltos de atletismo y unas chicas de Biología preparaba jalea de algas marinas endulzadas con maracujá.

Otros niños estaban fascinados con una mesa de “totó” (que es como en Rio de Janeiro llaman al futbolito) que había en un rincón de la plaza principal de la isla. A mi también me gusta mucho y por eso me quedé a ver el partido. Los otros niños no dejaban jugar a los guaranis y como ellos no son mucho de pelear, no insistieron pero esperaron hasta que otros niños mas buena onda jugaran con ellos. Igual que yo.

A la hora del almuerzo conversé con un padre de familia de la aldea Paraty-Mirim que me contó que había vivido en Misiones, Argentina donde fue para visitar a un primo y trabajar cortando caña de azúcar con otros guaranis. Dijo que ese trabajo es muy duro porque tenía que cortar mas de doscientos quilos de caña por día y le pagaban muy poco. Dijo que vivió también cerca de la frontera de Brasil con Paraguay y finalmente regresó al estado de Rio de Janeiro. Su hijo estaba sentado frente a mi y la mamá le ayudaba a comer el estrogonofe que la gente de la comunidad de la isla había preparado.

En la caixa de som de la Radio Yandê sonaba un hip-hop en guaraní. Tu tienes cara de cantar hip-hop, le dije al papá. Sí me gusta mucho, pero solo canto para mi, me respondió y luego se fue a jugar al pasto con su hijo que ya no quería comer más.


Al final del día, Anapuaka me preguntó muy serio: “Que me puedes decir de tu experiencia en la isla, Pablo?”. “Yo creo que lo mejor fue el bolo de aipim com coco”, respondí, y creo que indígenas y no indígenas concordarán conmigo.


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